La luna se derrumbó y, ciega, buscó entre los escombros de la Tierra un corazón que aún supiera amar. “¡Humanos mierdas!”, exclamó al terminar su agónico recorrido entre la podredumbre terrestre.
Te contemplo a plenitud.
Sé que estás fingiendo…
Sé que estás fingiendo tu locura
te recuerdo que soy dios
lo sé todo
y también puedo fingir.
Eco
eso me dejaste
eco
ruidos que se quejan
eco
furia perdida
ECO…
Eco…
eco…
eco de pétalos suicidas
que prefieren la mierda
mierda…
mierda…
mierda…
eco de arengas fétidas
repitiéndose en las celdas
de mi cráneo… cráneo… cráneo…
luciérnagas al borde del colapso
parvada de pájaros muertos
manantial de promesas huecas
cántaros vacíos
lucecitas navideñas…
eco
te maldigo y me maldigo
una
dos
tres
tantas veces
se quiebra una taza
apago la luz
parpadeo…
todo tiene eco.
Alguna vez
tuve tu deseo
tu cuerpo
tu sudor
tu frenesí
alguna vez
fui un genio bastardo
escondido
bajo una enorme
roca de luz y tempestad
agitado corazón mutante
frenética ansiedad
saliva
semen
música
juegos de brujas
miradas
embarradas de misticismo
me quedé en tu pecho
subí la escalera del cielo
quedaste en coma
no sé si volverás.
Caminé lento
buscaba un orgasmo
tirado en la calle;
todo duele
cuando los pies
están sobre el concreto,
así que me senté.
—¿Quién sos? —Dijo
—Nadie
—No te creo, ¿Quién sos?
—Vos, yo, cualquiera…
somos voces apagadas
—¿Andás a verga, va?
—No más que el hombre de la tele
—¿De qué hablás?
—¿Tenés un cigarrillo?
—Soy cristiano, no fumo
—Soy Dios, dame un cigarrillo
—¡Borracho blasfemo!
Que Dios te perdone
—¿Te gusta la sangre?
—Quitate de allí
necesito entrar
y esta es mi puerta
—¿Te gusta la sangre?
—Movete, bolo cerote
—A mí sí me gusta…
me gusta la sangre
—Mirá, hijo de puta,
si no te movés…
(…)
Eso fue todo
no dijo más
yo era Dios
lo maté por eso
fue castigo
no amaba al prójimo
por eso lo degollé
y me comí sus ojos.
Larga noche, novedad
larga noche…
Alguien muere en este instante
alguien gime de placer
alguien grita de dolor
mientras mutilan alguna de sus partes.
Nunca nada es igual
el polvo cósmico me rechaza.
La tinta roja y un ave de rapiña
jadean hambrientos junto a mí.